La reducción de la edad legal y los ajustes en la duración de la cotización crean configuraciones de jubilación muy diferentes según la generación afectada. Preparar su jubilación no se limita a acumular trimestres: es un arbitraje entre pensión, fiscalidad, empleo prolongado y protección del patrimonio, cuyos parámetros cambian cada año.
Trimestres y tasa plena: lo que cambian las reglas para las generaciones 1964-1968
Las generaciones nacidas entre 1964 y 1968 se benefician de un efecto lateral poco comentado: una exigencia potencial de 170 trimestres en lugar de 171 o 172 para alcanzar la tasa plena. Esta diferencia, relacionada con los escalones de la reforma, puede adelantar una jubilación de varios meses sin penalización.
El decreto del 7 de mayo de 2026 añade un mecanismo para las carreras largas. Los asegurados de las generaciones 1964 a 1970 que hayan comenzado a trabajar antes de los 20 años pueden jubilarse unos meses antes que el calendario de 2023. Para algunas mujeres, dos trimestres de aumento de la duración de la cotización cuentan como trimestres cotizados, lo que puede adelantar la jubilación hasta dos años antes de la edad legal.
Recomendamos solicitar un estado de carrera actualizado a partir de los 55 años. Un trimestre faltante o mal reportado es suficiente para retrasar una jubilación, y los plazos de regularización ante las cajas siguen siendo largos. Encontrará todos los recursos de La Revue des Seniors para cruzar los dispositivos aplicables a su situación.
Jubilación progresiva y empleo de los seniors: una tasa de actividad histórica a aprovechar

Según la Dares, el tasa de empleo de los 55-64 años alcanzó el 61,7 % en 2025. La progresión es espectacular entre los 60-64 años, con un aumento de 8,2 puntos en tres años, frente a solo 2,5 puntos para los 55-59 años. Estas cifras reflejan un cambio estructural en el mercado laboral, no un simple efecto coyuntural.
La jubilación progresiva sigue infrautilizada a pesar de su interés técnico. Permite percibir una fracción de su pensión mientras se mantiene una actividad a tiempo parcial, lo que sigue generando derechos adicionales. Para el empleador, es una herramienta de transmisión de competencias. Para el asegurado, es un suavizado de ingresos entre salario y pensión.
Observamos que los sectores que reclutan activamente perfiles seniors (servicios a la persona, consultoría, médico-social) ofrecen condiciones compatibles con este dispositivo. El aplazamiento de uno o dos años más allá de la edad legal, combinado con la jubilación progresiva, puede mejorar significativamente el monto de la pensión definitiva.
Anticipar la pérdida de ingresos: pensión, gastos y fiscalidad
El paso a la jubilación conlleva una disminución de ingresos que varía considerablemente según el perfil. Los ejecutivos suelen sufrir una diferencia más marcada entre el último salario y la primera pensión que los empleados cercanos al SMIC, cuyo tasa de reemplazo es más favorable.
Anticipar esta transición supone cartografiar tres partidas:
- Los gastos obligatorios (vivienda, salud, seguros) que no disminuyen mecánicamente con la cesación de actividad, y a menudo aumentan con la edad en el ámbito de la salud
- La fiscalidad de la pareja jubilada, que cambia en cuanto un cónyuge deja la actividad: el coeficiente familiar, las deducciones específicas y la CSG sobre las pensiones deben ser recalculados
- Los ingresos complementarios (ahorro para la jubilación, ingresos por alquiler, rescate parcial de seguros de vida) cuya secuencia de liquidación impacta directamente en la imposición global
El orden en que liquida sus diferentes fuentes de ingresos cambia su tasa marginal de imposición. Un plan de ahorro para la jubilación retirado en capital el mismo año que una indemnización de despido puede provocar un salto fiscal significativo. Recomendamos suavizar las salidas en dos ejercicios fiscales cuando sea posible.
Pensión y poder adquisitivo: el riesgo de subindexación

La amenaza más concreta para los jubilados actuales y futuros no es el monto inicial de la pensión, sino su erosión con el tiempo. Los debates recurrentes sobre la desindexación o subindexación de las pensiones respecto a la inflación afectan a todos los regímenes, no solo a los jubilados considerados acomodados.
Un congelamiento o un retraso en la revalorización, incluso de un punto por debajo de la inflación anual, produce un efecto acumulativo en diez o veinte años de jubilación. Este fenómeno rara vez se integra en los simuladores públicos, que proyectan la pensión en euros constantes sin modelar los ajustes políticos futuros.
Concretamente, es prudente prever un margen de seguridad en su presupuesto de jubilación. Contar con una revalorización sistemáticamente inferior a la inflación permite dimensionar su ahorro de precaución sin sorpresas desagradables.
Salud y actividad física: un gasto presupuestario, no un ocio
El mantenimiento de una actividad física regular tras la cesación del empleo depende tanto de la gestión financiera como del bienestar. Los gastos de salud no reembolsados aumentan con la edad, y las mutuas para seniors aplican recargos progresivos después de los 65 años.
Invertir en prevención (actividad física adaptada, chequeos regulares, alimentación) reduce la probabilidad de gastos elevados a medio plazo. Los servicios municipales y asociativos a menudo ofrecen programas a bajo costo para los jubilados, pero su accesibilidad varía considerablemente según el territorio.
La preparación de la jubilación no se detiene en el estado de carrera. Trimestres, fiscalidad, indexación de pensiones, empleo prolongado y prevención de la salud forman un conjunto cuyos parámetros interactúan entre sí. Tratar estos temas por separado es arriesgarse a corregir un aspecto mientras se degrada otro.



